La boda en Tambor de Bárbara y Pedro fue una celebración inolvidable frente al mar. Desde que los conocí, me parecieron dos personas encantadoras, cercanas y tremendamente atentas. Su forma de tratar a quienes los rodeaban hizo que todos nos sintiéramos parte de algo muy especial.
La boda tuvo lugar cerca de Tambor, en la provincia de Puntarenas. Para celebrarla eligieron una preciosa casa a pie de playa, con acceso a una pequeña zona de arena prácticamente privada. El mar, la vegetación y la tranquilidad del entorno crearon un escenario íntimo y completamente natural.
Sin embargo, lo más extraordinario fue la cantidad de personas que viajaron para acompañarlos. Sus familiares y amigos llegaron desde 17 países diferentes. Juntos convirtieron la boda en un encuentro internacional y en una auténtica fiesta.
Desde los primeros momentos del día se respiraba alegría. Los invitados compartían abrazos, conversaciones y reencuentros mientras Bárbara y Pedro intentaban disfrutar de todo lo que habían preparado durante tanto tiempo.
Una boda en Tambor marcada por la lluvia y la alegría
El cielo amenazó con lluvia durante buena parte del día. Bárbara observaba las nubes con cierta preocupación, mientras yo insistía en que no iba a llover. Sin embargo, la naturaleza tenía otros planes.
Fue la primera vez que la lluvia apareció durante una boda que estaba fotografiando. Por suerte, solo cayó durante unos cinco minutos en mitad de la ceremonia. Más tarde regresó otros cinco minutos durante la fiesta.
Aquellos breves chaparrones no consiguieron alterar la celebración. La lluvia se detuvo rápidamente y todo continuó con normalidad. De hecho, terminó convirtiéndose en una pequeña anécdota dentro de un día lleno de momentos inolvidables.
Cuando desaparecieron las nubes, regresaron la luz, la música y las ganas de celebrar. El ambiente era tan cercano que terminé disfrutando como un invitado más.
Una decoración creada por Bárbara y Pedro
Bárbara y Pedro se encargaron personalmente de preparar la boda. Además, diseñaron y realizaron toda la decoración con muchísimo cariño e ilusión.
Cada detalle hablaba de ellos y de la historia que querían compartir con sus invitados. El resultado fue una celebración personal y auténtica, creada sin seguir fórmulas ni protocolos innecesarios.
Hubo emoción, lluvia, encuentros y momentos inesperados. Pero, por encima de todo, hubo diversión. Esa alegría es precisamente lo que reflejan las fotografías de esta boda en Tambor.
Espero que disfrutéis de este pequeño resumen de todo lo que vivimos aquel día.
¡Pura vida!




























































































































